Lectura: Lucas 24:32-35

En el pasaje del Camino a Emaús (Lucas 24:13-24) vemos a Jesús caminando con la gente necesitada. Valora su estado de animo, les pregunta por sus inquietudes, les escucha sus problemas, sus dudas y sus preocupaciones. Al escucharles ellos le llegan a hablar de las expectativas que tenían y de lo frustrados que se encontraban. Casi se ofenden con él cuando parece no saber el gran evento que había conmocionado a toda Jerusalén: Su propia muerte. ¡Qué irónico!

Jesús al caminar con ellos les hace preguntas y deja que ellos se expresen sin temor: En el versículo 17 les pregunta de qué hablan y a qué se debe su tristeza. Más adelante, en el versículo 19 quiere seguir escuchando la lectura que ellos hacen de la situación y les pregunta ¿qué cosas? En la respuesta a esta segunda pregunta demuestran su afecto y admiración por la persona de Jesús a la vez que su incredulidad ante las noticias de que Él había resucitado.

¿Por qué no cogemos el santo ejemplo de Jesús y empezamos a caminar al lado de la gente que vemos con preocupaciones, dudas e inquietudes? ¿Por qué no nos acercamos a ellos y con preguntas simples descubrimos lo que hay en su corazón y cuál es la mejor forma de presentarles a Cristo? Jesús no se los encontró por azar. En su encuentro había intencionalidad. Aprendamos del maestro y seamos intencionales acercándonos a la gente y escuchándoles.

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